En 1619, Johannes Kepler publicó Harmonices mundi, un libro en el que intentaba encontrar relaciones entre el movimiento de los planetas y los intervalos musicales.
Llegó incluso a escribir pequeñas escalas para cada planeta, a partir de las variaciones de velocidad en sus órbitas. Para él, la Tierra cantaba algo parecido a un mi-fa-mi.
Grabado anónimo, circa 1740. Aguafuerte y buril sobre papel verjurado, 32,4 × 24,8 cm.
Hallado en 1927 durante la restauración de un monasterio benedictino de Umbría, Italia. Presenta manchas de humedad, oxidación, pliegues y desgaste de la impresión.
Se desconoce la identidad de la figura encapuchada que acompaña al pontífice.
Colección privada.
En 1651, el astrólogo inglés William Lilly publicó un libro con una serie de grabados que, según él, representaban acontecimientos futuros.
Uno mostraba una ciudad envuelta en llamas.
Quince años después, Londres sufrió un incendio devastador y el Parlamento citó a Lilly para interrogarlo. Querían saber si tenía información sobre lo ocurrido.
El astrólogo explicó que había interpretado sus símbolos, pero que desconocía cuándo sucedería aquello.
Lo dejaron ir.
Reemplazaría las últimas dos frases por:
Lo curioso es que, después de un incendio que destruyó buena parte de Londres, el Parlamento consideró necesario interrogar a un astrólogo por un dibujo que había publicado quince años antes.
Muchos no saben que en Praga hay un reloj que, además de dar la hora, muestra la posición del Sol y la Luna, las fases lunares y el movimiento del zodíaco.
Fue construido en 1410 por el relojero Mikuláš de Kadaň y el astrónomo Jan Šindel.
Lo más curioso es que todavía funciona. Y si mirás atentamente su esfera, vas a encontrar los doce signos zodiacales.
Hace más de 600 años alguien construyó una máquina capaz de representar el movimiento del cielo en plena plaza de una ciudad. Y ahí sigue, dando vueltas.
Galileo Galilei, uno de los padres de la ciencia moderna, también practicaba la astrología.
Levantaba cartas natales para otras personas, interpretó las de sus hijas y hasta calculó la suya. De esta última se conservan dos versiones, realizadas con apenas media hora de diferencia.
Lo interesante es que, para Galileo, la astronomía y la astrología todavía formaban parte de un mismo universo de conocimientos.
Acá están sus cálculos, escritos de su propia mano hace más de cuatro siglos.














