Solo el definir lo abstracto, lo misterioso, es más fácil, también es emocionante retratárlo porque al fin y al cabo lo vas desmantelando hasta llegar a descubrirlo por tí mismo, en cambio lo obvio ahí está, estático.
Sólo se puede definir lo abstracto: un polígono, o un congreso. Pero cómo definir el sabor del café o esa tristeza agradable de los atardeceres o esa esperanza, sin duda ilusoria, que uno puede sentir por la mañana. Definir es expresar algo en otras palabras y esas otras palabras pueden ser menos expresivas que lo definido.
Me gusta ver volar las aves desde esta ventana a esta altura: desde las garzas rosadas y los patos hasta los más oscuros buitres.
A veces ya no le veo sentido a existir.
Mi retiro espiritual es sentarme 30 minutos en la cafetería de la cuadra con un vacito de expresso doble, algo que leer, el wifi y chocolate cereza.
No hay toma más hermosa que la de Sunrise, a song of two humans de Murnau.
El problema es que no me quiero quedar con las palabras en la boca, ya se me han burlado bastante y hacen como si nunca hubiera sucedido nada, no toman responsabilidad. Realmente esto es una lástima.



















