David Bowie volverá a llenar arenas en 2027.
No mediante un holograma ni con un imitador disfrazado de Ziggy Stardust.
Lo hará a través de una película que él mismo dejó enterrada durante casi cincuenta años.
En 1978, Bowie encargó filmar en 35 milímetros dos conciertos de su gira Isolar II en Earls Court, Londres. Estaba presentando el material de Low y “Heroes”, acompañado por una banda monstruosa: Adrian Belew, Carlos Alomar, George Murray, Dennis Davis, Roger Powell, Sean Mayes y Simon House.
Bowie quería convertir aquellas imágenes en una película.
Después abandonó el proyecto.
Las latas permanecieron guardadas hasta que Brett Morgen consiguió acceso al archivo mientras preparaba Moonage Daydream. Morgen encontró una actuación de Bowie sin personaje protector, sin maquillaje excesivo y sin necesidad de fingir que era alguien más.
Ahora ese material se convertirá en Stage.
No será proyectado como una película convencional. Las imágenes aparecerán en varias pantallas transparentes dentro de arenas, acompañadas por iluminación programada y una mezcla envolvente 7.1. El estreno será el 14 de febrero de 2027 en Berlín, dentro del festival de cine de la ciudad.
Aquí comienza la discusión interesante.
La industria ya entendió que los artistas muertos poseen algo mucho más rentable que un catálogo: poseen una ausencia.
El público no puede volver a verlos, y esa imposibilidad crea un mercado enorme para documentales, avatares, voces reconstruidas, conciertos inmersivos y cualquier tecnología capaz de acercarnos a lo que perdimos.
Pero no todo es lo mismo.
En este caso no están fabricando una nueva actuación ni colocando palabras inventadas en la boca de Bowie. Están restaurando una presentación que realmente ocurrió, que él decidió filmar y que nunca llegó a terminar.
Eso no elimina el dilema.
Bowie abandonó la película. Nadie puede preguntarle si hoy aprobaría una gira mundial construida con aquellas imágenes ni si aceptaría aparecer en una arena once años después de su muerte.
Al mismo tiempo, esconder una actuación histórica por respeto también puede convertirse en otra forma de perderla.
Yo prefiero una restauración rigurosa antes que una resurrección digital falsa. Quiero ver al Bowie real, sudando, respirando y tocando con músicos reales. No necesito que una computadora invente un concierto que jamás existió.
La pregunta ya no es si los artistas muertos volverán a los escenarios.
La pregunta es quién decidirá cómo regresan.
Ir a terapia es como ir al monte a agarrarse a machetazos con el diablo y descubrir que tú eres el diablo, el monte y el machete.
Algún día harás lentejas y pensarás que son muy pocas.
Es muy importante que no le eches todo el kilo.
A los 40 años Franz Kafka (1883-1924) que nunca se casó ni tenía hijos, paseaba por el parque Berlín cuando conoció a una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Ella y Kafka buscan la muñeca sin éxito. Kafka le dijo que se reuniera con él al día siguiente y volverían a buscarla.
Al día siguiente, cuando todavía no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía: "Por favor no llores.
Tuve un viaje para ver el mundo, te escribiré sobre mis aventuras."
Así comenzó una historia que continúa hasta el final de la vida de Kafka.
En sus encuentros, Kafka le leía las cartas de su muñeca cuidadosamente escritas con aventuras y conversaciones que la niña consideraba adorables.
Finalmente, Kafka le trajo la muñeca (compró una) que había vuelto a Berlín.
"No se parece en absoluto a mi muñeca", dijo la niña.
Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribía: "Mis viajes me cambiaron" La niña besó a la nueva muñeca y la trajo feliz a casa.
Un año después, Kafka murió.
Varios años después la niña adulta encontró una carta en la muñeca. En la pequeña carta firmada por Kafka decía:
"Todo lo que amas probablemente se perderá, pero al final el amor volverá de otra manera".
Libro: Kafka y la muñeca viajera.
Estoy en esa edad en la que no estoy viejo, pero si me siento en el piso necesito un plan estratégico para levantarme.
















