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La posición de Gustavo Petro dentro del progresismo se está haciendo insostenible.
Sea por las críticas éticas frente a los ejercicios de poder para establecer lazos con intereses afectivos con mujeres mucho menores que él, sea por el golpe mediático de las denuncias en su contra, sea por la defensa que algunos sectores dentro del Pacto Histórico están haciendo de su figura, incluso de la discusión en el seno de esos progresismos de si un político debe ser "virtuoso" o no, es claro que el golpe no sólo lo salpica a él como jefe de la oposición, sino al proyecto político que lo rodea.
Proyecto que, entre otras cosas, también ya venía cargando con los problemas al interior frente a su congreso fundacional, frente a las denuncias de falta de democracia interna, las disputas de poder entre las tendencias y la falta de autocrítica frente a la gestión del hoy expresidente, los casos de corrupción y demás.
¿Se encuentra ese progresismo entonces en un momento existencial? yo creo que sí. Y lo está porque ahora mismo debe tomar una decisión si quiere sobrevivir de aquí a 2030: o se pliega a la figura de Petro y quema sus barcos, sabiendo que su defensa, por más de que Petro siga conservando afectos en amplios sectores de la sociedad, puede costarles políticamente, o busca la posibilidad de hacer que tome distancia del proyecto y del partido mientras resuelve sus asuntos.
Uribe lo hizo entre 2020 y 2022 para evitar que su proceso judicial por los falsos testigos salpicara al Centro Democrático y perdiera bastiones importantes a nivel electoral. ¿Petro hace esos cálculos también, o se aboca a concebir su defensa como la defensa a ultranza de un progresismo que ya ha empezado a discutir si éticamente es viable su presencia allí?
La peor opción es defender “al líder”, invocar su “humanidad” y reivindicarla. Reconocer que somos falibles, es reconocer que somos prescindibles. Ya estuvo bien, gracias @petrogustavo, dé un paso lado al lado que el resto lo daremos adelante. #AhoraLeTocaALaIzquierda
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Hoy se graduaron los nuevos subtenientes de la Policía, y su comandante supremo asoció los atentados en los que han muerto policías como culpa del “régimen social-comunista”.
¿Qué entiende un subteniente de 22 años que oye eso en su ceremonia de grado? Que el comunismo es un delito, y, por tanto, que debe ser perseguido.
Esa es la doctrina del enemigo interno que la Comisión de la Verdad recomendó desmontar y que hoy se promueve desde la Presidencia. Solemos culpar a policías y militares por ella; poco miramos al político que la infunde, difunde e impone.
La Policía es un cuerpo civil para garantizar derechos y la convivencia en paz (art. 218). Colombia ya pagó con condenas, como la del caso UP, el costo de estigmatizar adversarios desde el Estado.
Sin duda, a este paso, lo volveremos a pagar con nuestra vida y con nuestros impuestos.
#Política | Durante el Día de la Policía y la ceremonia de ascensos, el presidente Abelardo De La Espriella responsabilizó al gobierno anterior de los golpes contra la institución:
"Buena parte de los golpes que sufrió nuestra policía durante los últimos años fueron consecuencia de la complacencia del régimen social-comunista anterior, que terminó inclinando su cabeza ante el terrorismo y el crimen organizado (…) ¡Eso se acabó! ¡Vamos por todos esos bandidos y los vamos a derrotar con nuestra fuerza pública y la ayuda de Dios!".
Más información: lafm.com.co/politica
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Muy grave la situación en el @HospAlmaMater en Medellín: le deben medio billón de pesos, tiene pagos pendientes a trabajadores, acusa cierre de servicios y emite una alerta de posible colapso.
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Opinión impopular: El abogado @SoyDefensor tiene razón.
Y decir lo contrario es no entender lo que es el Estado de Derecho.
¿El presidente humilla y degrada a un capturado? Mi opinión:
youtube.com/live/m7ykPxvSaM4…
Además de ridícula, la "autoridad" que quiere proyectarse es frágil. Basta la interpelación simple de un capturado para que brote el autoritaritarismo: Prometer condenas que no conciernen al gobernante, retaliación con medidas disciplinantes y la amenaza de otros derechos.
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El presidente está desnudo
Hay un viejo dicho que afirma: “Dime de qué te vanaglorias y te diré de qué padeces”. La frase contiene una intuición sencilla: aquello que exhibimos con mayor insistencia puede terminar revelando nuestras propias contradicciones.
Algo parecido ocurre en El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. El rey desfila convencido de llevar unas vestiduras extraordinarias y todos celebran lo que supuestamente ven, hasta que un niño pronuncia lo evidente: el rey está desnudo. La puesta en escena destinada a engrandecerlo termina exponiéndolo.
Tal vez esa sea una buena manera de mirar la estética construida por Abelardo de la Espriella durante sus primeros meses de gobierno. La pistola al cinto, el chaleco antibalas, el radio de comunicaciones recurrentemente en la mano, los militares alrededor, las cárceles y los presos, las imágenes de quienes mueren en operaciones militares, la patria, Cristo Rey y el Tigre componen una imagen insistente de firmeza, mando, seguridad y autoridad.
Cuanto más necesita el poder exhibir su fuerza, más pertinente resulta preguntarse qué revela esa necesidad de mostrarla. Porque esos símbolos no solamente visten al poder; también pueden terminar dejándolo al descubierto.
La pistola comunica capacidad de fuerza; el radio construye la imagen de un presidente en permanente puesto de comando; la cárcel habla de una determinada concepción del castigo; y la exhibición de los muertos obliga a preguntarse por la frontera entre informar sobre una victoria militar y convertir el cuerpo del derrotado en parte de esa victoria. Las palabras hacen lo propio: “bandidos”, “narcoterroristas” y “terrorismo urbano” delimitan el lugar del enemigo, mientras que, al otro extremo, el presidente también decide a quién llamar “héroe”.
No se trata de desconocer que el Estado debe perseguir delitos, enfrentar organizaciones armadas y proteger a la población. Precisamente porque tiene esa obligación y dispone de enormes capacidades para cumplirla, importa observar cómo ejerce ese poder, qué lenguaje utiliza y, sobre todo, qué límites está dispuesto a reconocer.
Esa estética ha empezado a avanzar hacia un terreno más profundo y peligroso. El propio presidente anunció una “contrarrevolución cultural”, orientada, según el Gobierno, a recuperar valores tradicionales, fortalecer la identidad nacional y evitar que la cultura sea utilizada como instrumento ideológico.
La controversia llegó rápidamente al Museo Nacional, donde fueron retiradas decenas de piezas relacionadas, entre otros asuntos, con el conflicto armado, el movimiento feminista, la diversidad sexual, la Unión Patriótica, Carlos Pizarro y el Acuerdo de Paz. Un juez ordenó conservar las piezas retiradas y prohibió nuevos desmontajes por su contenido mientras estudia una tutela, además de pedir explicaciones sobre el fundamento administrativo de la decisión.
Toda curaduría selecciona y ningún museo puede mostrarlo todo. Pero un museo nacional tampoco es una simple bodega de objetos: es uno de los lugares donde una sociedad construye el relato de aquello que decide recordar de sí misma. Cuando la transformación de ese relato coincide con una política gubernamental denominada expresamente “contrarrevolución cultural”, las preguntas resultan inevitables: ¿qué merece permanecer en la memoria de la nación?, ¿quién puede ser héroe?, ¿quién ocupa el lugar del enemigo?, ¿qué historias permanecen visibles y cuáles salen del cuadro?
Y esa “contrarrevolución cultural” ya no parece limitarse a cuadros, palabras o símbolos. Empieza también a tener nombres propios dentro del Estado.
Después de apenas dos meses y medio de gobierno, De la Espriella sacó a Rodrigo Lara del Ministerio del Interior y nombró en su reemplazo a Alejandro Ordóñez, exprocurador, exmagistrado y hasta entonces embajador ante la OEA. Su trayectoria pública ha estado marcada por posiciones conservadoras en debates morales, religiosos y políticos que han dividido al país durante décadas.
El nombramiento importa porque el Ministerio del Interior no es una cartera cualquiera: por allí pasan el diálogo social, los derechos humanos, los asuntos indígenas y de comunidades negras, la consulta previa y buena parte de la relación política entre el Gobierno, el Congreso y los distintos sectores sociales. La pregunta es entonces si la “contrarrevolución cultural” seguirá siendo una consigna o comenzará a traducirse en una manera concreta de orientar las instituciones.
Un Gobierno que hace de la autoridad, los valores, la patria, el orden y la firmeza elementos centrales de su identidad queda especialmente expuesto a ser examinado justamente en aquello que proclama: sus procedimientos, sus límites, su relación con las instituciones y su disposición a aceptar controles.
Y ahí volvemos a Andersen. Tal vez no sea necesario quitarle las vestiduras al poder para descubrir lo que hay debajo. A veces basta con observar detenidamente aquellas que él mismo ha escogido para mostrarse.
El presidente está desnudo no porque carezca de símbolos con los cuales vestirse, sino porque ha acumulado tantos y los exhibe con tal insistencia que ellos mismos comienzan a revelarlo.
La pregunta, entonces, ya no es solamente qué imagen quiere mostrarnos el poder, sino otra mucho más incómoda:
¿qué queda al descubierto cuando el poder se viste de autoridad?
indepaz.org.co/el-presidente…
La UdeA mira su pasado de estigmatización mientras enfrenta nuevos señalamientos
elarmadillo.co/historias/la-…
Hermoso este trino, hoy.
¡Viva Lula, viva Brasil, viva la igualdad en América Latina!
Foto: @nytimes
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Quedará en los libros de historia cómo un viejo obrero de fábrica les hizo frente a todo el poder mediático y financiero del sionismo y de EEUU. Serás inmortal, Luiz Inácio Lula da Silva.
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yo todos los días: igual es una mierda la democracia liberal
yo en este instante:
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🇧🇷🗳️ Famosos de diferentes países, incluidos Guillermo del Toro, Javier Bardem y Mark Ruffalo, piden el voto por Lula da Silva para la presidencia de Brasil: "Voten para buscar la libertad" y "luchen contra el fascismo"
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Entre la censura al arte y el agravio a los muertos.
Dos caras de la misma tiranía.
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🚨Alertamos sobre el uso desmedido de la fuerza que por segundo día se presenta cerca del Museo Nacional. Las protestas pacíficas han sido disueltas por fuera de los protocolos. @ONUHumanRights @CIDH @DefensoriaCol 🧵
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#OrionNuncaMas Hoy se cumplen 24 años de la operación Orión.
Imagen basada en una fotografía de Jesús Abad Colorado.


























