Hola, noviembre. Te escuché llegar anoche al son de las flamas de las velas que iluminan el camino de los que regresan. Me gusta cómo le sonríes a la memoria porque sabes que se escribe cada vez que se visita. Ven, pasa. Hay chocolate, pan de muerto y muchas ganas de acordarnos.
Yo, entrando al cine a ver Street Fighter: bueno, ojalá esté medianamente entretenida, ojalá que no sea muy absurda, ojalá hayan logrado armar un guion más o menos coherente. Ojalá no sea algo horrible.
Yo, saliendo de la sala: NUMAAAA, PINCHE PELICULÓN, QUÉ PEX, HADOOOUKEEEEN.
Hola, octubre. Me gusta mucho cómo llegas siempre con maracas de hojarasca y vestido con tus ocres con olor a petricor y mandarina. Ven, pasa. La cafetera ya suspira y tengo listos los cuadernos para acariciarnos la memoria con las cosas que amamos repetirnos aunque ya sepamos.
Amigos ilustradores: la gente que usa IA tampoco te iba a pagar por que ilustraras sus tonterías, así que de cualquier manera ese es un dinero que nunca tuvo nadie.
La única solución es dibujar lo bastante horrible para que nadie nunca más dude de que estás hablando en serio.
La inteligencia artificial no «piensa» como tal. Sólo sigue patrones preexistentes. La mayoría de las personas hacemos exactamente lo mismo, así que siento que discutir sobre la IA es como pelear con un cerdo en el barro.
Sólo espero que la IA lo esté disfrutando como nosotros.
No lo sé. A nadie le puede parecer maravilloso esto de manera no sarcástica, ¿no? O sea, uno se asoma al tuit y cuesta creer que los comentarios que elogian estas cosas sean opiniones reales de gente real y tal. ¿O serán bots mezclándose con el público para confundir audiencias?
Se pasó Ramiro Torres en Instagram, con nuestra eterna #Mafalda, hizo est maravilla!!! Cuando la IA es un SÍ rotundo!!! 🌹
Su cuenta de IG: instagram.com/desdigital?igs…
Hola, septiembre. Te escuché llegar anoche bajo una lluvia de esas que le ponen la piel de gallina a los charcos. Qué alegría que ya estés aquí, porque justo es el momento de atender lo que está por acabarse y dejar que aquello que comienza se sienta bienvenido. ¿Te sirvo café?
Hola, agosto. Te escuché llegar anoche caminando al son de la llovizna. A veces pienso que uno anda despacito para que nuestros tropiezos puedan elegirnos con cuidado. Pero ven, pasa. Hay café, galletitas, y una cajita de acuarelas listas para resbalar en el papel de la memoria.

